Para muchos, algo aparentemente inofensivo como la nevera se convierte en una tortura capaz de esclavizarles. Sin embargo, esta adicción también puede superarse.
Muchas personas son adictas a la comida, comedores compulsivos e impulsivos que viven encadenados a los alimentos como otros individuos lo están al alcohol o las drogas.
Lo prohibido, en este caso la comida, se convierte en un objeto de deseo incontrolado. Hay que aclarar que la adicción a la comida, tanto por exceso como por defecto, son las dos caras de la misma moneda: la obsesión.
Las personas adictas a la comida encubren un trastorno afectivo u otras carencias emocionales. Como afirma una psicóloga clínica “la relación que tenemos con la comida es un lazo con lo afectivo. Nos empezamos a relacionar con los alimentos porque cuando sentimos displacer se nos suele compensar a través de la boca. Más tarde enlazamos la comida con situaciones familiares y sociales y le damos un carácter afectivo”.
El perfil del adicto suele ser una persona con problemas para relacionarse con los amigos, compañeros o la familia y se sienten tremendamente solas. Otras tienen su autoestima por los suelos, no se quieren ni aceptan porque se creen indignas y poco valoradas por su entorno y poco o nada por ellas mismas.
Hay quienes se enganchan por estrés, por un trabajo absorbente al que dedican gran parte del día y no les deja tiempo para vivir. En definitiva, cualquier cosa que les haga sentir a disgusto consigo mismas va a provocar ese sentimiento emocional que les va a llevar a asociar o simbolizar en la comida aquello que no tiene una relación real.
Aunque a simple vista parezca un problema más femenino que masculino, los hombres no se libran de él. Lo que ocurre es que las mujeres reconocen antes su enfermedad y acuden al especialista, ellos lo obvian y son más reacios a acudir al médico. Una vez en tratamiento, tienen que aprender pautas para enfrentarse a cada emoción y así poder resolver el conflicto interno que tienen.
Los comedores compulsivos con problemas emocionales por falta de cariño, ternura, atenciones… tienden más a darse atracones de alimentos dulces como todo tipo de pasteles, bollos o chocolates. Por el contrario aquellos que tienen por ejemplo un trabajo estresante, rutinario,que no les deja tiempo para disfrutar de su vida privada y que les crea mucha ansiedad, fácilmente acabarán “picoteando” a todas horas cosas saladas como cacahuetes, almendras o patatas fritas.

Trackbacks/Pingbacks[...] emplean la grasa consumida para aumentar de tamaño, a la vez que se vuelven perezosas. Pero la glotonería tiene un límite, y al final,los adipocitos literalmente revientan. Para hacer desaparecer sus restos acuden los [...]